martes, 9 de agosto de 2016

RECATO PLAYERO

El topless empezó a popularizarse a finales de los años 60 cuando los movimientos feministas adquirieron una gran relevancia. Poder tomar el sol con el pecho descubierto, transgrediendo las costumbres puritanas, suponía  y supone un logro en la lucha por la igualdad de género.

Hoy  es una costumbre tan extendida que no supone ni un escándalo ni un dilema moral para casi nadie. Y digo casi nadie, porque de todo hay.

Me niego a pensar, que las mujeres nos vamos a quedar calladas antes esta tremenda demostración de diferencias.

Nunca entenderé la verdadera misión del top que llevamos las mujeres en la playa o en la piscina, ni porque algunas veces nos ruborizamos, si encontramos a algún amigo. Siempre sintiéndonos culpables. Si algo no puedo ni soportar, es pensar que yo tengo que ir con la parte de arriba de mi bikini y los hombres no, que por cierto algunos tienen  más tetas, y  no tienen  que hacerlo.

¿De qué depende? ¿Qué hay de malo en las  tetas de una mujer  y de bueno en las de los hombres? ¿Cómo les hablamos a nuestros hijos de la igualdad si la misma ley demuestra lo contrario?

Asociaciones ultraconservadoras y pro-familia, recogen firmas para quitarnos derechos al resto de personas, ya que las personas que hacemos topless, somos zafias, y degradamos las playas. Y yo me pregunto, ¿qué harán con los niños en invierno? ¿No podrán ver televisión tampoco.? Porque actualmente hasta para vender un rollo de papel ponen a una mujer con poco ropa. ¿No sería mejor educarlos entendiendo que el cuerpo es algo natural, que cada cual es dueño de el y que no significa ninguna vergüenza mostrarlo?. Todo ello siempre y cuando la actitud sea de respeto con el otro y no de provocación. Los niños no tienen maldad. Las ideas raras están en lo que los educan

En resumen, en  la educación y en la actitud esta el permiso de usar lo que nos venga en gana.  Y no olviden, ultraconservadores, que en las noticias de las 14:00 horas, se ven los cuerpos  descuartizados por  las bombas o los atentados en París, Túnez o Kuwait 

Pero para ustedes es mas recomendable que sus hijos e hijas  vea los muertos y el sufrimiento antes que una revista erótica... No vaya a ser que se nos transforme..

JESSICA CASTAÑO

domingo, 31 de julio de 2016

Pacto social contra la violencia sobre las mujeres del Principado de Asturias 21 de julio 2016

El Consejo Asturiano de la Mujer, las Comisiones de Seguimiento del Protocolo Interdepartamental contra la Violencia de Género y de la Red de Casas de Acogida y el Observatorio Permanente contra la Violencia de Género del Principado de Asturias, junto con todos los grupos parlamentarios y el Gobierno de Asturias han trabajado conjuntamente para lograr este Pacto Social contra la Violencia de las Mujeres del Principado de Asturias en el que se llega a un consenso para redoblar los esfuerzos que se han venido realizando hasta la fecha, sosteniendo e incrementando los servicios, colaboraciones y cooperaciones ya instaurados en la estrategia de protección a las víctimas y aislamiento social de los agresores.
 










 

sábado, 9 de julio de 2016

SASKIA SASSEN

Hoy he tenido el placer de escuchar a la socióloga norteamericana Saskia Sassen, y he llegado a la conclusión de que, a resultas de la globalización económica, el retorno de las llamadas ‘clases de servidumbre’ están compuestas en su mayoría por mujeres migrante.

Se está feminizando la supervivencia. La producción alimenticia de subsistencia, el trabajo informal, la emigración o la prostitución son actividades económicas que han adquirido una importancia mucho mayor como opciones de supervivencia para las mujeres . La participación de las mujeres está creciendo, tanto en los sectores económicos legales como en los ilegales.  El tráfico ilegal de mujeres para la industria del sexo está aumentando como fuente de ingresos y las mujeres son el grupo de mayor importancia en los sectores de la prostitución y la industria del sexo. Las mujeres  entran en el macronivel de las estrategias de desarrollo básicamente a través de la industria del sexo y del espectáculo y a través de las remesas de dinero que envían a sus países de origen. Ambas estrategias tienen cierto grado de institucionalización de las que dependen cada vez más los gobiernos . La exportación de trabajadores y trabajadoras y las remesas de dinero son herramientas de los gobiernos para amortiguar el desempleo y la deuda externa. La tesis de Sassen es que las actuales condiciones sistémicas con altos niveles de desempleo y pobreza, la disminución de los recursos del Estado en lo relativo a los necesidades sociales y la quiebra de un gran número de empresas hacen posible la existencia de una serie de circuitos con un relativo grado de institucionalización por los que transitan sobre todo mujeres: “Estos circuitos pueden ser pensados como indicadores, siempre parciales, de la feminización de la supervivencia, dado que estas formas de sustento, de obtención de beneficios y de garantizar los ingresos gubernamentales se realizan, cada vez más, a costa de las mujeres. Las trabajadoras ‘genéricas’ son el modelo ideal para la economía neoliberal: son flexibles e intercambiables.
 El hecho innegable es que está creciendo el segmento de mujeres que se insertan en el mercado de trabajo global. Para Sassen, “la globalización ha producido otro conjunto de dinámicas en las cuáles las mujeres están desempeñando un rol crítico”.
La globalización de las políticas neoliberales lejos de dejar un saldo positivo para las mujeres, significa mucho más trabajo gratuito y mucho más trabajo mal pagado; además, la lógica excluyente implícita en el neoliberalismo ha empobrecido más a los pobres, que en su mayoría son mujeres.
Todos los datos avalan empíricamente la idea largamente sostenida por el feminismo de la feminización de la pobreza. La globalización, en su versión económica y neoliberal, es un proceso que está ahondando cada vez más la brecha que separa a los ricos de los pobres y ha llevado al límite la lógica del beneficio por encima de cualquier proyecto ético y político de desarrollo humano. En este contexto de ganadores y perdedores, las mujeres no se encuentran entre los ganadores porque su inserción en la nueva economía se está realizando en un terreno marcado por la desigualdad de género. El capitalismo neoliberal  ha renovado el pacto histórico e interclasista con el patriarcado a partir de unos nuevos términos. Ha eliminando una buena parte de las cláusulas, pero ha dejado intacta la médula de ese pacto que se traduce en subordinación a los varones y explotación capitalista y patriarcal.
Esta mujer que se inserta en el mercado de trabajo global se ve atrapada en una jornada interminable  a causa del aumento del trabajo gratuito e invisible del hogar y ahora, además, accede al mercado de trabajo como trabajadora ‘genérica’.
Todos estos motivos muestran la necesidad de que el feminismo construya un discurso crítico hacia la globalización económica. Los datos apuntan a la necesidad de que los argumentos feministas tengan un espacio relevante en los movimientos antiglobalización, hasta el punto de que las alternativas que se formulen al neoliberalismo tengan como uno de sus ejes centrales la desigualdad de género. Esto requiere que el feminismo se articule críticamente contra la feminización de la exclusión social y contra la feminización de la supervivencia.                        
 
                                                                             Jessica Castaño
 
 
 

martes, 7 de junio de 2016

NO SOY NI FEMINAZI, NI HEMBRISTA

NO SOY NI FEMINAZI, NI HEMBRISTA, que quede claro. Creo que la igualdad, en las cosas justas, para mujeres y hombres , y si eso es  ser feminista, obviamente lo soy.
 
Llámame feminista cuando hable del aborto libre, de la necesidad de una ley contra el acoso callejero, de la desigualdad, el sexismo o de que los hombres gozan de privilegios que normalizan al punto de no saber que los tienen

Llámame feminista  cuando rebata el punto de vista de alguien me manda a la cocina 'a limpiar' o a hacer un sandwich.

Llámame  feminista cuando me moleste que  al hablar de fútbol y se refieran a las hinchadas como 'madres', 'monjas' y 'zorras', siempre en femenino, siempre mujeres.

Llámame  feminista cuando me queje del acoso y me tachen de exagerada.

Llámame  feminista cuando me canse de  escuchar que cuando a una mujer le va bien, es porque se acostó con su jefe, seguramente. 

Cuando no es una talla 90-60-90 es porque le falta sexo. Cuando no tiene hijos no puede realizarse como mujer y si está soltera, debe ser miserable o debe tener una "tara" , por estar en contra de esto, llámame  también feminista.

Y ese odio por el feminismo, no lo entiendo ¿qué duele? ¿Duele que se llame FEMINismo? Se quejan de que el feminismo nos divide, de que hay que abogar por la igualdad, 'no al machismo y no al feminismo', léanse, en serio, de qué me están hablando?

Nos han mutilado los genitales, nos han tratado como propiedad de padres y esposos, nos mataron por brujas, por putas, por querer estudiar, por querer trabajar, por querer votar, por querer ganar lo mismo, por querer usar anticonceptivos, por disfrutar el sexo, por negarnos a las violaciones y cuando reclamamos ... ¿el feminismo es el problema?

Fdo: Jessica Castaño

miércoles, 25 de mayo de 2016

Un maltratador JAMÁS será un buen padre

Sólo hay que escuchar durante pocos minutos a mujeres con hijas e hijos que han sufren violencia de género y la han denunciado, para darse cuenta hasta que punto los temas relacionados con el bienestar de estos niños y niñas y los aspectos referidos a la custodia, son muy importantes en la toma de decisiones sobre la denuncia, la búsqueda de protección y la decisión de llevar hasta el final el proceso de salida y de recuperación de la violencia de género. Por desgracia sigue existiendo una creencia social sobre el hecho de que la ruptura matrimonial opera contra el bienestar de los menores, sino que existe un miedo real a la pérdida de la custodia de sus hijos e hijas que cuenta con pocos, pero, lamentablemente, significativos ejemplos derivados, en algunos casos, de malas prácticas en la aplicación de la Ley.

Un hombre que maltrata a una mujer no es un buen padre. Es una de esas verdades como puños si pensamos desde posiciones respetuosas con los derechos de las personas y desde la prevención de la violencia de género y la educación para la igualdad. Sin embargo en la realidad, y especialmente en el ámbito jurídico, no siempre se aplica este criterio como preferente. En muchos casos, las interpretaciones judiciales responden más bien a la idea de que un hombre que maltrata a una mujer, puede seguir cumpliendo adecuadamente sus obligaciones paternas.
Esto es consecuencia directa de que vivimos en un contexto social en el que la violencia masculina, especialmente si está dirigida a su pareja, sigue encontrando comprensión y justificación. Esto, como no puede ser de otra manera, afecta a la definición de las relaciones jurídicas entre mujeres y hombres, y sobretodo, afecta a las resoluciones judiciales en materia de familia y al criterio que utilizan los juzgados para tomar sus decisiones sobre custodia y bienestar de los niños y niñas, incluso en los casos de violencia de género.
Si una tiene suerte y da con un juez o una jueza que entiende que la regla general es que alguien que agrede a su pareja no es un buen padre, existe alguna posibilidad de que se apliquen las medidas cautelares, aunque son muy pocos los casos en los que se produce una suspensión de régimen de visitad. Pero si por el contrario, una cae en un juzgado cuya titular piensa que uno puede insultar, agredir, amenazar, lesionar, etc… a su pareja, sin que esto afecte de forma significativa a su papel de padre, se producen casos tan surrealistas como el que se esta dando actualmente en nuestra ciudad, donde se concede la custodia a un presunto agresor, bajo la argumentación de que tiene mejor horario laboral que la presunta agredida.
El resultado son resoluciones judiciales que desde luego no están basadas en la idea de mantener a los niños y las niñas alejados de la situación de violencia. Resoluciones que se convierten en una fuente inagotable de conflictos familiares, que sólo consiguen afectar el bienestar de los menores,  prolongar la tortura judicial de las mujeres que interponen denuncias por violencia de género, o encerrar en una espiral sin salida a las mujeres que enfrentan las situaciones de violencia sobrevenida en los procesos de divorcio, que no son pocas.
Yo no soy especialista en temas de atención jurídica a mujeres victimas de la violencia de género, pero no hace falta serlo para entender la gravedad de este problema, que hunde sus raíces más profundas en los estereotipos sexistas mas rancios, y que encuentra, muy poca comprensión en el arbitrio judicial.
Por eso, cuando escucho que este tipo de problemas han de arreglarse confiando en el arbitrio judicial, como ciudadana sólo me dan ganas de decir una cosa: Contábamos con su buen juicio y criterio confiando en que sabrían que un hombre que agrede a su pareja no es un buen padre. Esperábamos que entendieran que las relaciones familiares han de estar necesariamente basadas en el pacto y la negociación en condiciones de igualdad entre los cónyuges. No parece que este sea un criterio universal en su ámbito y nos parece muy arriesgado contar con el criterio de profesionales que incluso objetan abiertamente de estos principios básicos. No nos pidan que confiemos en su criterio si algunas personas entre ustedes creen, que el bienestar de los niños y las niñas se defiende manteniendo y, a veces imponiendo, la relación con la persona que ha maltratado a su madre, incluso dándole responsabilidades de custodia en exclusiva. Porque esto está pasando ahora mismo en los juzgados gijoneses. 
Si el criterio judicial sobre las relaciones de familia, especialmente en los casos de violencia de género, no funciona, será necesario darle la orientación adecuada. La dirección no puede ser otra que la de reconocer que un hombre que agrede a su pareja no es un buen padre. Seguramente deberíamos considerar más cosas, pero es un buen comienzo para construir un modelo de relaciones familiares más equilibrado, que reconozca que el respeto a la igualdad en las relaciones de pareja es fundamental para el cumplimiento de las mutuas obligaciones y en relación con sus descendientes.
Además, con la cifra actual de mujeres asesinadas este año que no habían puesto denuncia previa, no podemos permitirnos que el miedo a perder la custodia de sus hijos e hijas sea un elemento disuasorio para las mujeres víctimas. Pero si además queremos trabajar en la dirección adecuada para prevenir la violencia de género en el futuro de la población más joven, no creo que un modelo paterno de un hombre que agrede, sea defendible en ningún caso.
Creo, por tanto, que son muchas las razones que tenemos para apoyar un fortalecimiento, de las recomendaciones ya recogidas en la Ley contra la violencia de género, digan lo que digan las diferentes organizaciones que representan a los operadores jurídicos y judiciales. Una reforma que, desde luego debe apuntar en la dirección de buscar la complicidad de quienes son imprescindibles para su aplicación, pero que no puede olvidarse de los problemas reales que en este momento se derivan de resoluciones concebidas en algunos juzgados de violencia de género y, también, en los de familia. Ejemplos claros de lo que no debe pasar en una sociedad respetuosa con la igualdad, con los derechos de las mujeres y de los niños y las niñas.
Fdo: Jessica Castaño


martes, 17 de mayo de 2016

FUI A LA I MARCHA POR LA IGUALDAD Y CONTRA LA VIOLENCIA DE GENERO DE BIMENES Y ESTO FUE LO QUE VI

Dicen que lo único que necesitas para hacer una revolución feminista es una amiga y el 14 de mayo nos juntamos una abogada, una trabajadora social y una economista.

El ambiente era muy distinto al de otras manifestaciones, tal vez la porque para muchas de las allí presentes  era su primera lucha contra esta lacra social. 

Si algo se palpa en el ambiente en este tipo de concentraciones, por encima de las diferencias entre colectivos, organizadores, la lucha de banderas, los matices en el manifiesto, la eterna lucha entre transfeministas y feministas radicales, las de la segunda, la tercera o incluso las de la cuarta ola, etc. es la unidad. La hermandad en la opresión y en la lucha. Las miles de experiencias compartidas entre mujeres de todo el mundo, todas las violencias sufridas sobre nuestros cuerpos nos son familiares incluso sin conocernos de nada.
Porque no son opresiones individuales, la violencia contra las mujeres no es producto de algunos locos a los que algo muy gordo le ha tenido que pasar para que se le vaya así la cabeza. Las violencias contra las mujeres son sistémicas, con todo un sistema que lo ampara y protege. Que lo normaliza. Porque esa frase que tranquiliza las conciencias de los necios, “si me pasara a mí le dejaría a la primera“, es mentira: porque no hay una “primera”. Porque las primeras señales de peligro están tan normalizadas y tan integradas en la sociedad, que cuando manifiestas tus dudas te tachan de exageradaY contra esa normalización de las conductas que culminan en violencia física, agresiones y maltrato también nos manifestamos. Porque no se puede entender la violencia de género sin el caldo de cultivo en el que crece, sin todas las conductas que la alimentan y disculpan al maltratador, al controlador obsesivo, al celoso patológico, a quien quiere encerrarte, al que considera una muestra de amor infinito decirte si no eres mía no serás de nadie.
No son casos aislados, no son hechos puntuales, no son cuatro locos. Es esta sociedad patriarcal que los ampara, protege, disculpa, y luego se lleva las manos a la cabeza cuando ocurre una desgracia. No morimos: nos matan. 
 
Me encantó ver gente concienciada, y hombres acompañándonos. Empezar a quitarse capas y capas de privilegio masculino arraigadas durante siglos no es tarea fácil, y reconforta ver que allí están, en el proceso. Obviamente, no pudimos evitar pensar cuántos de ellos habrán llegado hasta allí con un compromiso superficial y por estar en contra de la violencia más visible de todas, los asesinatos, y al volver a sus casas con la conciencia tranquila pensando que ya están libres de todo machismo, seguirán tratando como esclavas a sus mujeres, madres, hermanas e hijas. Por algo se empieza, pero no por hacer lo mínimo ya has cumplido.
No pienso no mencionar a todos esos que claman para cuándo un día para erradicar la violencia contra el hombre (omitiendo deliberadamente que esa violencia la ejercen mayoritariamente hombres), o para cuándo un día en contra del maltrato hacia el hombre, o para cuando un día en contra de las denuncias falsas. Quienes pretenden equiparar casos puntuales con violencia sistémica no merecen que les dedique hoy ni un segundo de mi pensamiento.

Fdo: Jessica Castaño
 
 
 

jueves, 12 de mayo de 2016

El sexo no es amor…

El sexo no es amor, pero es igual de respetable. Yo ahora mismo siento que el poliamor es un movimiento marcadamente hipócrita que en alguna de sus variantes hace mucho más mal que bien a nuestra sociedad: donde dice “amor por muchos” debería decir “sexo libre”. Pero claro, la hipocresía social determina que el sexo libre, o el gusto por una vida sexual variada, no sea lamentablemente un valor respetable por sí mismo. De ahí que haya que meter a calzador el término “amor” por doquier, para que a los promiscuos los dejen en paz y se santifique su way of life sin linchamiento de por medio.
La sociedad de mentalidad progresista y liberal nos  pasamos la vida luchando contra esa estereotipación del amor que lo convierte en un modelo idílico imposible tipo Disney, ése del Príncipe Azul para toda la vida y su “fueron felices y comieron perdices”, que tanto mal ha hecho a millones de personas cuando se dieron de bruces con las breves realidades de sus matrimonios “para siempre”. Con lo que nos ha costado superar los fracasos sentimentales que creíamos “amores de por vida”… ¿y ahora nos tenemos que tragar también la disneyficación de la promiscuidad? ¿De verdad para que la sociedad respete que una persona se acueste, responsablemente y de mutuo consentimiento, con quien le dé la real gana hace falta disfrazarlo de “amor por todos”? ¿¿¿Me tengo que creer que están enamorados todos entre sí para respetarlos???
Digo esto, y no porque me imagine escenas sacadas de algún libro del marqués de Sade, mujeres, hombres, queers, trans, todxs fuera de control, desvistiéndose, comiéndose, fornicando unxs con otrxs, sin ningún tapujo. Por supuesto que no!! Yo no hago ningún reproche moral ni preguntas ignorantes que cuestionan desde el morbo, evidentemente desde el statu quo, desde la hegemonía heterosexual. 
Simplemente creo que es todo mucho más fácil. El exceso de hipocresía convierte a la sociedad en un conjunto de personas desnaturalizadas, falsas, fingidoras y, por tanto, que terminarán engendrando un estallido nocivo de todo aquello que reprimen diariamente por dentro. 
Vivamos como queramos, y acostémonos con quien nos dé la gana y nos apetezca, o establezcamos el tipo de familia que nos parezca más adecuado: homosexuales, heterosexuales o asexuales. Pero ¿por qué confundir el deseo sexual con amor y traernos a casa a más de una persona, para embarrarlas a todas con un elemental “lxs quiero por igual”?
 
 
Fdo: Jessica Castaño